Duque entre la vida y la muerte


Friend, guiándole a su salvación


¡Dos bellezones!


Monti y sus más de 2 años de abandono


Nelly, con un hilo de vida


Neón, otro miembro de la manada misteriosa


La Dama blanca


Una pantera en la oscuridad


¡Bienvenido a tu nueva vida Crispin!


Zipi y Zape, abandonados entre viñedos


Bety y su hijito Oli


Foxy, otra víctima de la caza


De puerta en puerta


Milka, superviviente inigualable


Podencos: Vergüenza e indignación


La segunda oportunidad de Brownie


Lladruc, de nuevo bajo control


Chico, el perro de la mirada mágica


Mona, un bombón de chocolate


Gizmo, el rostro del miedo


¡La guapa rubia!


Zöe: abandonada, asustada y desnutrida


La pequeña Flor


Buscando al Pokémon del bosque: CHISPI


Dani y Diana, 5 años perdidos


La ninfa del bosque


Vulpes, sin derecho a protección


BlueyBay, abandonado tras su servicio a la caza


Bienvenidos al Gathotel!


Jabalíes, ¿Superpoblación o pérdida de hábitat?


Manchitas, la princesa de IKEA

Crispin, el corta correas

Crispin, el corta correas

A Crispin lo apodaban el “mordisquitos“, por su rechazo constante a ser tocado, usando para ello el marcaje suave (no mordía realmente, pero te advertía), algo bastante habitual en el perfil de perros que solemos rescatar. Pero, además, tenía otra gran “habilidad”: ¡cortaba cualquier correa en cuestión de segundos!

¿Tu perro muerde la correa y no quiere caminar?

Esto es lo que nos pasaba al principio con Crispin y se debe tener especial cuidado porque, ante un despiste, cortaba la correa y podía escapar.

  • Lo primera medida que tomamos fue sustituir la correa de tela por una metálica, lo cual hizo que arremetiera contra el arnés, que también empezó a mordisquearlo.
  • La segunda medida fue rociar el arnés con pimienta y limón para que le resultara desagradable al sabor (poniéndole un segundo de seguridad, hasta ver cómo respondía).
  • Como tercera medida, en paralelo a las anteriores, fuimos acercando a Crispin a un pipican vallado y seguro junto a nuestra manada (Bea y Chispi), en horas de poca afluencia, dejandole suelto con correa larga (de las que usamos en rastreo) y premiándole cuando se acercaba a nosotros. Esto le permitió experimentar la libertad controlada como algo positivo.

La combinación de las tres medidas permitieron que Crispin, en apenas pocos días, dejara de morder arneses y correas y se centrara en lo que le tocaba hacer: ¡disfrutar de su nueva vida!

Como siempre decimos, la paciencia y la actitud tranquila son los principales aliados para lidiar con problemas de este tipo. En el siguiente vídeo podéis ver el resumen de esta fantástica evolución.
 .
Video
 .
Galería de fotos

BACK TO TOP

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies