Gizmo llevaba meses vagando solito por una urbanización del municipio de Caldes de Montbui (Barcelona). El pequeño tenía muchísimo miedo a la presencia humana. 

Aquel sábado tuvimos la suerte de verle justo cuando empezábamos a montar la jaula, cómo si nos estuviera esperando. En silencio y animándole a seguir el caminito de olores, conseguimos despertar su curiosidad. Poco tiempo después, entraba en la jaula, hambriento y sin mirar atrás.

Verle entre los barrotes nos produjo mucha ternura pero también tristeza: estaba aterrorizado, sus ojos eran el reflejo del miedo en estado puro.. Tuvimos que emplearnos a fondo para poder ponerle el arnés y sacarlo de la jaula de la forma menos traumática posible. Se mostró muy nervioso, mordiendo la puerta hasta el punto que dobló parte de la misma y se hizo daño en la boca.

Su mirada, su postura corporal, su cabeza agachada, su actitud… todo delataba que nunca le habían tratado bien. Infectado de garrapatas (¡más de 40 le sacamos!), Gizmo estaba flojito de fuerzas, pero a salvo y con una nueva oportunidad.

GIZMO ES MUY SOCIABLE CON LOS PERROS, ¡LOS ADORA!

No hay nada que el cariño, la paciencia y unas pautas terapéuticas progresivas no puedan conseguir. Poco a poco empezamos a recuperarle y se integró en nuestra manada, algo que le ayudó muchísimo.

Aún falta trabajo pero el camino hacia una mejor vida está iniciado y no tardará en llegar su familia.

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